Esto que ves SOY YO, ni más ni menos. Un pedazo de SER, un trozo de humanidad, un puñado de risas, una cuota de locura, un pedazo de dulzura. Esto que ves, soy yo. Una mujer a veces niña, a veces espacio, a veces infinito, a veces pasión, a veces libertad. Es todo lo que tengo, todo lo que soy; no es mucho pero es TODO. ¡Bienvenidos!

Siendo hombre, Qué sentis?

“¿Qué sentís sobre todo esto siendo hombre?” me dijo. “Porque siendo mujer es una impotencia y angustia y bronca enorme. ¿Pero vos? Siendo hombre, ¿qué sentís?”
Le dije algo que ahora considero un facilismo emocional.
Le dije que era raro.
Que sentía que me tenía que disculpar por parte de los hombres pero a la vez no porque no yo no había hecho nada.
Metí una frontera entre ellos y yo.
No hablé en plural.
Como si yo no pudiera nunca ser canal de ese horror.
Como si yo no pudiera nunca haber hecho nada para contribuir a la mierda.
Y la verdad es que no hay frontera.
Hay que hablar en plural.
Hay que hablar en plural, por más que nos incomode.
Tenemos que hacernos cargo.
Los hombres violamos mujeres.
Los hombres matamos mujeres.
No existen tres géneros: mujeres, hombres y violadoresasesinos.
Somos nosotros, hombres.
Un amigo tuyo puede serlo, un vecino, un familiar, cualquiera.
Ahora, ¿por qué?
Los que lo hacen no nacieron violando y matando. Tampoco los embrujó un hechicero maligno.
Entonces, ¿por qué mierda lo hacen?
¿Por qué mierda matan y violan?
Perdón, se ve que me incomodó el plural y esto requiere incomodidad y honestidad.
Repito.
Entonces, ¿por qué mierda lo hacemos?
¿Por qué mierda matamos y violamos?
En el último tiempo leí mucho sobre eso. Unos dicen que es violencia machista. Otros, consecuencias de la propiedad privada. Cosificación de la mujer. Patriarcado encarnado.
Para mí es otra cosa.
Seguro, es todo lo anterior.
Pero antes que nada es otra cosa.
Más básica.
Más antigua.
Más vital.
Es miedo.
Violamos y matamos por miedo.
No existe hombre que, en al menos algún momento de su vida, no le haya tenido miedo a las mujeres.
Maduramos más tarde que ellas. Somos por completo periféricos al milagro de la vida. La mayoría sabemos poco y nada de sus ciclos. Tememos que nos ridiculicen. Su sexualidad es un misterio. Sólo ellas tienen la certeza de que nuestro hijo es nuestro.
La única forma de convivir con un ser así es doblegarlo, contenerlo sistemáticamente.
Forzar a que ellas sean las periféricas.
Pasarnos por el culo a nuestro miedo.
Pretender que no está ahí.
Es la única forma.
Porque no tenemos herramientas para lidiar con él.
Antes vivíamos bajo un matriarcado. La irrupción del patriarcado y el cambio de deidades lunares a solares se hizo con sangre y obeliscos y constantes recordatorios de que ahora los hombres teníamos el poder y la fuerza y la razón y la acción.
Poder y fuerza y razón y acción no sirven un pito para lidiar con emociones.
No tenemos herramientas para procesarlas.
Y así contenemos el llanto como unos pelotudos.
No por nada la mayoría de los suicidas somos hombres.
Es una solución muy masculina.
También lo es usar el poder y la fuerza y la razón y la acción para violentar a una mujer porque sentimos miedo de no poder estar con ella o no podemos procesar la emoción del rechazo.
Por suerte los pilares de todos los imperios caen tarde o temprano.
-.Sebastián Defeo.- (Fragmento)